

En los últimos años, la miopía en niños se ha convertido en un problema de salud visual en aumento.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el uso excesivo de pantallas y la falta de tiempo al aire libre están provocando que cada vez más niños desarrollen este trastorno.
En este artículo de La Salud Hospital, te explicamos las causas, prevención y tratamientos más efectivos para frenar su avance.
Ver bien de lejos es algo que damos por hecho, hasta que un día notamos que nuestro hijo se acerca demasiado a la tele o frunce el ceño para leer la pizarra. Ahí es cuando puede aparecer la duda: ¿tendrá miopía?
La miopía en niños es un problema visual bastante común hoy en día. Básicamente, significa que el niño ve bien de cerca, pero le cuesta enfocar los objetos lejanos. Por eso, pueden tener dificultades para leer letras pequeñas, reconocer a alguien que está lejos o disfrutar de una película sin entrecerrar los ojos.
La miopía ocurre cuando el ojo es un poco más largo de lo normal o cuando la córnea (la parte transparente del ojo) tiene más curvatura de la que debería. Esto provoca que las imágenes se formen delante de la retina en lugar de sobre ella, haciendo que lo que está lejos se vea borroso.
Las causas pueden ser varias, pero las más comunes son:
No todos los problemas de visión en la infancia son iguales. Conocer las diferencias entre los principales trastornos visuales puede ayudarte a detectarlos a tiempo.
Miopía: es el problema más común hoy en día. Los niños ven bien de cerca, pero borroso de lejos. Si no se controla, puede aumentar con el crecimiento.
Hipermetropía: en este caso ocurre lo contrario: se ve borroso de cerca, aunque lo lejano suele verse bien. El esfuerzo constante por enfocar puede provocar dolor de cabeza, picor o fatiga visual. Si no se trata a tiempo, puede derivar en estrabismo o en “ojo vago”.
Astigmatismo: provoca visión borrosa o distorsionada a cualquier distancia, tanto de cerca como de lejos. Es muy común en edad escolar y puede afectar al rendimiento académico si no se corrige.
Estrabismo: se da cuando uno de los ojos se desvía y no apunta al mismo lugar que el otro. Puede causar que los ojos se vean cruzados o bizcos.
Ojo vago o ambliopía: afecta a un 3–4 % de los niños y ocurre cuando uno de los ojos no desarrolla bien la visión durante la infancia debido a la falta de uso. Es importante tratarlo pronto para evitar secuelas en la edad adulta.
Obstrucción de la vía lagrimal: a veces, en los bebés, estas vías están obstruidas al nacer, lo que causa lagrimeo constante o pequeñas infecciones. Tiene una solución sencilla y eficaz mediante una breve intervención ambulatoria llamada dacriocistorinostomía (DCR), que restablece el paso normal de las lágrimas.
Cada vez son más los niños que necesitan gafas para ver bien de lejos. La miopía, que antes solía aparecer en la adolescencia, ahora comienza a edades mucho más tempranas.
El motivo principal no es otro que el cambio de hábitos: menos tiempo al aire libre y más horas frente a pantallas.
De hecho, en España, 6,5 de cada 10 niños y niñas de entre 8 y 15 años son miopes, una cifra que no deja de aumentar entre los llamados nativos digitales.
Vivimos rodeados de pantallas y los niños también. Tablets, móviles, consolas, ordenadores… forman parte de su día a día tanto en casa como en el colegio.
El problema no es usarlas, sino pasar demasiado tiempo mirando de cerca sin descanso.
Este esfuerzo continuo provoca que el ojo se acostumbre a enfocar solo a corta distancia, lo que puede favorecer el desarrollo o empeoramiento de la miopía.
Además, la luz azul de las pantallas puede causar fatiga ocular, sequedad y molestias visuales, sobre todo cuando se usan durante largos periodos sin parpadear lo suficiente.
Los datos son preocupantes:
Esto significa que cada año aparecen niños más pequeños con miopía y con más dioptrías (una media de –0,75 por año). Si la tendencia continúa, cuando lleguen a la universidad podrían tener miopías mucho más altas que las generaciones anteriores.
Otro factor importante es el poco tiempo que los niños pasan al aire libre. 7 de cada 10 jóvenes pasan menos de una hora al día al aire libre, lo que priva a los ojos del estímulo natural que necesitan para desarrollarse correctamente.
Por desgracia, muchos niños pasan la mayor parte del día en interiores: en el colegio, en casa haciendo deberes o viendo pantallas. Este estilo de vida “de interior” limita su exposición a la luz natural y favorece el avance de la miopía.
La buena noticia es que sí: se puede corregir y frenar su avance. Hoy en día existen varios tratamientos que ayudan a mejorar la visión y a evitar que el problema empeore con el tiempo.
Cuanto antes se detecte, más posibilidades hay de controlar su progresión y proteger la salud visual de los niños.
El tratamiento dependerá de la edad del niño, del grado de miopía y de la rapidez con que esté avanzando. En la mayoría de los casos, el primer paso es corregir la visión para que el niño pueda ver bien y no fuerce los ojos.
Entre las opciones más habituales encontramos:
Una de las soluciones más innovadoras y eficaces para el control de la miopía son las lentes de ortoqueratología, también conocidas como lentes Orto-K.
Estas lentillas se colocan por la noche, mientras el niño duerme y moldean suavemente la forma de la córnea. Gracias a ello, durante el día puede ver bien sin necesidad de gafas ni lentillas.
Además, tienen otra gran ventaja: ayudan a frenar el crecimiento del ojo, reduciendo el avance de la miopía.
Existen también lentes de contacto blandas especiales para el control de la miopía, diseñadas para modificar la forma en que la luz se enfoca dentro del ojo y así ralentizar su progresión.
Más allá del tratamiento elegido, lo más importante es el seguimiento regular. La miopía infantil puede avanzar rápidamente, sobre todo en edades escolares, por lo que revisar la vista es fundamental.
Durante estas revisiones, el especialista medirá la graduación, revisará la estructura del ojo y ajustará el tratamiento si es necesario.
También se valorará si los hábitos visuales del niño son adecuados: cuánto tiempo pasa frente a pantallas, si sale lo suficiente al aire libre o si adopta posturas correctas al leer o estudiar.
Con algunos cambios sencillos en los hábitos diarios podemos ayudar a cuidar la vista de los niños y proteger su salud ocular a largo plazo.
Igual que llevamos a los niños a revisiones periódicas con el pediatra, también es fundamental cuidar su salud visual desde los primeros años de vida.
Muchos problemas de la vista pueden pasar desapercibidos porque los niños no siempre saben expresar que ven mal. Por eso, las revisiones oftalmológicas son esenciales para detectar a tiempo cualquier alteración y tratarla antes de que afecte su desarrollo visual o su rendimiento escolar.
El cuidado de los ojos empieza desde el nacimiento:
Durante la infancia y la adolescencia, los ojos cambian y crecen igual que el resto del cuerpo, por lo que es importante mantener un seguimiento regular:
Las revisiones oftalmológicas no solo permiten ajustar la graduación, sino también prevenir problemas de visión más serios en el futuro. Detectar a tiempo un problema visual puede mejorar su aprendizaje, su autoestima y su calidad de vida.