
Ser papás de un recién nacido es una experiencia llena de ilusión, ternura… y también de muchas dudas.
Uno de los temas que más suele preocupar en los primeros días de vida es la ictericia en bebés, esa tonalidad amarillenta en la piel y en los ojitos que a menudo despierta alarma.
Lo cierto es que, en la mayoría de los casos, se trata de algo frecuente y pasajero. Sin embargo, cuando los niveles de bilirrubina en bebés recién nacidos se elevan demasiado, es importante reconocerlo y actuar a tiempo para evitar complicaciones.
En este artículo te explicamos de forma sencilla cuáles son las consecuencias de la bilirrubina alta en bebés, qué síntomas debes observar, cómo se trata y cuándo acudir al pediatra.
Nuestro objetivo es que te sientas acompañado y tengas la información necesaria para cuidar a tu pequeño con confianza y tranquilidad.
Muchos padres y madres se alarman cuando la piel de su bebé recién nacido, se ve con una tonalidad amarillenta. No hay motivo para la alarma. Se trata de la ictericia.
Esa coloración amarilla característica se debe al nivel de bilirrubina en el cuerpo. La bilirrubina es una sustancia que el organismo produce cuando reemplaza los glóbulos rojos y es la causante de que la piel y los ojitos del bebé se tiñen de color amarillo.
Este cambio en la piel del bebé tiene que ver, simplemente, con su proceso de adaptación a la vida fuera del útero materno. Durante el embarazo, es la placenta la que se encarga de alimentar al pequeño y también de ayudarlo a eliminar la bilirrubina.
Pero cuando nace, esa tarea pasa a ser responsabilidad de su propio hígado, que aún está aprendiendo a funcionar por sí mismo. Es como si necesitara unos días de práctica antes de hacerlo de manera totalmente eficaz.
La forma más común es la llamada “ictericia fisiológica del recién nacido”. No es una enfermedad, sino un proceso natural que suele aparecer entre el segundo y cuarto día de vida. En unos días desaparece sin dejar ningún problema.
No todos los bebés presentan ictericia de la misma manera. Algunos tienen niveles más altos de bilirrubina por diferentes motivos.
Los bebés prematuros son más propensos a tener bilirrubina elevada porque su hígado es todavía más inmaduro. Por eso los pediatras suelen vigilar de cerca sus niveles en los primeros días.
En algunos casos poco frecuentes, los niveles de bilirrubina pueden subir un poco más debido al tipo de sangre de la madre.
Cuando la mamá tiene grupo sanguíneo O o factor Rh negativo, el recién nacido puede necesitar un control extra en sus primeros días, ya que en estas situaciones, el cuerpo del bebé puede destruir glóbulos rojos más rápido de lo habitual (hemólisis), y eso hace que se acumule más bilirrubina.
El primer signo que suele alertar a los padres y madres es la piel amarillenta del bebé. Generalmente, ese color aparece primero en la cara y, poco a poco, puede extenderse al pecho, el abdomen, los brazos y las piernas.
Otro síntoma muy característico son los ojos amarillos, cuando la parte blanca del ojo adquiere un tono dorado.
Cuando se detectan estos signos, lo recomendable es comentarlo con el pediatra y lo siguiente es confirmar si la bilirrubina está alta en el bebé.
Para ello, el médico suele hacer una medición cutánea con un dispositivo que se apoya sobre la frente y, si es necesario, solicitar una prueba en sangre, cogiendo una pequeña muestra del talón del bebé.
De esta forma se obtienen los niveles exactos y se puede decidir si el bebé necesita tratamiento o solo seguimiento.
La mayoría de los casos son leves y no dejan ninguna secuela. Pero, cuando los niveles de bilirrubina suben demasiado y no se tratan, sí pueden aparecer riesgos.
En la mayoría de los bebés, la ictericia es algo leve que desaparece sola y sin dejar rastro. Pero es importante saber que, si la bilirrubina sube demasiado y no se trata, puede llegar a causar problemas más serios.
Cuando los niveles son muy altos, la bilirrubina puede pasar al cerebro y afectar a sus células. Esta afección se llama encefalopatía bilirrubínica aguda, y si se detecta pronto, el tratamiento ayuda a que el bebé se recupere sin consecuencias.
El riesgo más temido es el kernicterus, una complicación grave que puede aparecer si la ictericia no se controla.
Puede provocar movimientos involuntarios, problemas de audición o incluso afectar al desarrollo de los dientes. Aunque todo esto suena preocupante, conviene subrayar que es extremadamente poco común en la actualidad gracias a las revisiones médicas y a tratamientos como la fototerapia.
Con controles regulares y acudiendo al pediatra si aparece cualquier signo de alarma, las posibilidades de que la ictericia llegue a este punto son mínimas.
Cuando el pediatra considera que la ictericia necesita tratamiento, hay varias formas seguras y eficaces de ayudar al bebé para bajar la bilirrubina y a las que los bebés suelen responder muy bien.
Cuando la bilirrubina está alta en los bebés, el tratamiento más habitual es la fototerapia, también conocida como “terapia de luz”. Consiste en colocar al bebé bajo unas lámparas especiales que descomponen la bilirrubina en una sustancia más fácil de eliminar.
El pequeño estará en una cuna o incubadora, con los ojitos protegidos por unas gafas y solo con el pañal puesto para que la luz actúe mejor sobre la piel.
Es un procedimiento muy seguro y eficaz y los resultados suelen observarse en pocas horas o días.
Cuando la ictericia tiene su origen en factores especiales, como las diferencias de tipo de sangre entre madre y bebé, a veces, se utiliza un tratamiento con inmunoglobulina intravenosa (IVIg).
Se trata de una proteína que ayuda a frenar la destrucción de glóbulos rojos y, con ello, a disminuir la producción de bilirrubina.
En casos excepcionales, cuando los niveles son muy altos y otros tratamientos no dan resultado, se recurre a la transfusión de intercambio. Este procedimiento se realiza en la UCI pediátrica y neonatal, donde se sustituye parte de la sangre del bebé por la de un donante, reduciendo así los niveles de bilirrubina de manera rápida.
Después de cualquiera de estos tratamientos, el pediatra hará un seguimiento cercano para comprobar que los niveles de bilirrubina bajan y que el bebé evoluciona con normalidad.
Aunque no siempre se puede evitar la ictericia, sí hay pequeños cuidados que ayudan a que los niveles de bilirrubina no suban demasiado y que el bebé se recupere más rápido. La clave está en la alimentación y en el seguimiento médico durante los primeros días de vida.
Cuando la ictericia no es grave, muchas veces el pediatra recomienda simplemente ajustar los hábitos de alimentación. Alimentar al bebé con más frecuencia le ayuda a recibir más leche, a hacer más evacuaciones, y así su cuerpo elimina la bilirrubina más fácilmente.
Si tienes dudas sobre cuánto o con qué frecuencia alimentar a tu bebé, en La Salud Hospital contamos con una Unidad de lactancia que te podrá orientar.
También es importante acudir a las revisiones programadas en los primeros días de vida, donde el pediatra evaluará el color y, si es necesario, pedirá pruebas.
En la mayoría de los bebés, la ictericia desaparece en una o dos semanas. En los prematuros puede durar un poco más, por eso necesitan controles más prolongados.
Aunque la ictericia sea algo frecuente, hay momentos en los que es importante buscar ayuda de inmediato:
En esos casos, lo mejor es consultar cuanto antes al pediatra para que valore la situación.
En La Salud Hospital, sabemos lo importante que es tu tranquilidad y la salud de tu bebé. Nuestro equipo de pediatría y Neonatología está preparado para acompañarte en cada paso, resolver tus dudas y darte la seguridad de que tu pequeño está en las mejores manos.