

El vértigo en niños es un motivo de consulta médica que suele generar gran preocupación en las familias y, en la mayoría de los casos, tiene causas benignas y tratables.
Comprender el origen del problema, reconocer los síntomas y saber cómo actuar es fundamental para un adecuado tratamiento del vértigo en niños.
Las causas de vértigo y mareo en niños son variadas y dependen en gran medida de la edad. El sistema del equilibrio aún está en desarrollo durante la infancia, lo que lo hace más sensible a diferentes estímulos.
Entre las causas de vértigo en niños más comunes se encuentran:
En etapas escolares y adolescencia temprana, una de las más habituales es el vértigo migrañoso, considerado por muchos especialistas como la causa más frecuente en estas edades.
Desde el punto de vista médico, el vértigo se clasifica en dos tipos:
La relación entre ambos es muy estrecha. Las migrañas infantiles pueden manifestarse no solo con cefalea, sino también con mareos, sensibilidad a la luz y sensación de giro. En muchos casos, el vértigo aparece incluso sin dolor de cabeza, lo que dificulta el diagnóstico inicial.
Los síntomas varían según la causa y la edad. Los ataques pueden aparecer de forma repentina y durar desde segundos hasta varias horas. Algunos signos frecuentes incluyen:
Identificarlo no siempre es sencillo, ya que los más pequeños no saben describir lo que sienten. Es vital observar cambios en su comportamiento como torpeza al caminar, rechazo al movimiento o necesidad constante de apoyo. Ante mareos persistentes, es fundamental acudir al pediatra.
El diagnóstico comienza con una historia clínica detallada que incluye la frecuencia de los episodios y factores desencadenantes. También se valoran síntomas auditivos (pérdida de audición, zumbidos) o signos neurológicos (visión borrosa).
A continuación, se realiza un examen físico completo:
Solo en caso de dudas se solicitan pruebas complementarias como estudios audiológicos o pruebas vestibulares especializadas.
El tratamiento depende directamente de la causa. En muchos casos, consiste básicamente en medidas de observación y seguimiento.
Aunque no existe una solución universal, mantener al niño en reposo durante el episodio, asegurar una correcta hidratación y evitar movimientos bruscos suele aliviar los síntomas. En algunos casos, el especialista puede recomendar rehabilitación vestibular.
El aspecto emocional es clave. El estrés en niños puede causar vértigo; la presión escolar, cambios familiares o la ansiedad pueden manifestarse físicamente. Aprender a identificar estos factores y ofrecer apoyo emocional es fundamental para prevenir nuevos episodios.